sábado, 19 de noviembre de 2016

COLOR, VIBRACIÓN, MATEMÁTICA Y GEOMETRÍA EN EL SOLFEGGIO


El canto gregoriano ha sido empleado en la liturgia eclesiástica desde hace siglos; es un arte atribuido al papa Gregorio Magno pero no por su composición sino por su recopilación. Sus raíces se hunden hace mil 200 años (siglo IX) con el propósito de ser vehículo de las oraciones a Dios, pues como dijo Pablo de Tarso, "Quien canta bien, ora dos veces". Además, el canto gregoriano se caracteríza porque la música queda supeditada al texto.

De las incontabes composiciones gregorianas, hubo una en especial de la que surgió el Solfeggio, el Himno a San Juan Bautista. Recientemente Joseph Poulecomo y Leonard Horowitz tienen el mérito de haber rescatado el himno y encontrar en él seis frecuencias que le han reconocido una serie de atribuidos en la salud y en la vida de quien las practica. Debe subrayarse la labor de difusión del cubano Carlos Laza, licenciado en ciencias exactas, músico y artista plástico en hispanoamérica.

Lo cierto es que en los últimos años han encotrado en las frecuencias solfeggios una serie de asociaciones con la lógica matemática y con la geometría. En el siglo XVII, Isaac Newton, relacionó las frecuencias desde la 396 herzios (Hz) al color rojo, hasta la frecuencia 852 Hz, asociada al color morado. Curiosamente en la misma relación de color y frecuencia que los chakras de la tradición hindú.

Nosotros en este video hemos retomado las frecuencias, asumiendo la forma geométrica triangular por su naturaleza ascendente/descendente y con los colores correspondientes para incorporar la armonía que anula la dualidad cuerpo-espíritu en El Todo a través del propio color con la vibración del sonido. Llegados a este punto incia el retorno, y desciende desde lo sutil a lo material (-+-).



https://www.youtube.com/watch?v=ovn1ObgpyrI


NOTA: PUEDES DESCARGAR EL AUDIO QUE LLAMAMOS "FRECUENCIAS SOLFEGGIOS-+-" EN LA PARTE SUPERIOR IZQUIERDA DEL BLOG.





Se te invita también a ver el siguiente video musical, genial y muy breve, para apreciar la sabiduría y la mágica relación que guardan las frecuencias con los elementos de la tierra, de las cuales no podemos sustraernos, de las cuales formamos parte.



viernes, 11 de noviembre de 2016

DE LA REALIDAD Y EL VACÍO


(Video) 


"...Comprendí que la ciencia se ha equivocado en dos 
supuestos de la ciencia moderna. El primero es que el espacio
 no está vacío, como creíamos, está lleno de una esencia viva 
que empezamos a entender. El segundo, es que está demostrado 
que nuestras experiencias internas influen en el 
mundo a través del espacio..."

                                                                            Gregg Braden


"En cuanto a la materia, todos hemos estado equivocados.
Lo que hemos llamado materia es energía,
cuya vibración ha sido tan rebajada
como para ser perceptible a los sentidos.
No hay materia." 

                                                                             A. Einstein (?)




Es delirante descubrir que la materia está compuesta básicamente de vacío, que a nivel subatómico, es decir, dentro del átomo, la masa no existe, prácticamente (99.999% es espacio "vacío"), esto significa que el núcleo es 100,000 cien mil veces más pequeño que el átomo. Es fascinante porque la Teoría de Cuerdas postula que en esencia, la materia son cuerdas en distintos estados de vibración, el Nada Brahma, como decía los vedas de la India antigua: Dios es frecuencia y es sonido. El universo es vibración.

Es más delirante aún descubrir que este conocimiento es una ciencia decimonónica, que tuvo sus inicios a mediados de 1800 con los descubrimientos de M. Faraday y G. Kirchoff y las teorías de L. Bolzmann y M. Planck. De alguna manera iban en dirección opuesta a la ciencia mecanicista, pero ésta última prosperó y es fundamento en la producción de conocimiento actual dentro del ámbito educativo de todos los niveles.

Si concedemos que un organismo o un objeto cualquiera están compuestos de moléculas que a su vez lo conforma átomos compuestos de un núcleo y electrones, que los componen los protones y neutrones, para llegar a los quarks, dentro de los cuales habitan hipotéticamente las cuerdas emitiendo distintas frecuencias, entonces la realidad es absolutamente distinta a lo que vemos y conocemos con nuestros limitados sentidos.

Sin embargo, para las ciencias y las humanidades vigentes erigidas sobre paradigmas mecanicistas, somos sólo esto que percibimos a través de los cinco sentidos; desde éste enfoque todo es predecible, sólo hay que ir desentrañando y profundizando nuestro conocimiento de la estructura y de los mecanismos subyacentes, de lo fenoménico, para hacer ajustes al paradigma. Todo aquello a lo cual no accedemos con nuestra observación, es desechado.

Por supuesto, existen sistemas que estudian e interpretan al mundo y a lo humano desde lo simbólico (el arte, la literatura, la psicología profunda como el psicoanálisis), y aquellos que tienen su asiento epistémico más allá de la idea de lo objetivo/material (biológico), pero ninguno hace referencia a las conclusiones cuánticas que ponen frente ante nosotros una gran interrogante: ¿Cómo es que podemos ver y tocar eso que vemos, pero no existe?, ¿cómo intentamos comprender la vida, las interacciones humanas y su construcción social y cultural si la materia de la que estamos hechos no es lo que interpretan nuestros sentidos? Si la realidad no depende de la materia sino de determinados estados vibratorios, y si esto es así, nuestras ideas del cambio social, histórico, político, cultural, ¿pueden seguir intocados? No será que algo estamos haciendo mal y es por eso que la realidad del mundo que se proyecta ante nosotros es muy diferente por lo que luchamos e insistimos en cambiar? Pero la gran preguntar es: ¿por qué prácticamente todo el mundo está subido en el tren de la física newtoniana, y de la ciencia mecanicista?

Resultado de imagen para organización subatómica
Existe un ejemplo muy claro de cómo actúa el manejo de la energía que se encuentra en el campo, o éter, como llaman los místicos y que podrán verlo en el video al final de éste artículo*.

El idealismo filosófico es quizás una ventana occidental desde la cual quizá se aproxime a las consideraciones cuánticas, en tanto que niegan realidad al objeto del conocimiento, de modo que el objeto no es independiente de la conciencia.

Tan sólo asumir que en los fundamentos de la materia no existe masa, ello debería hacernos replantearnos el concepto de humanidad y su lugar en el mundo y replatearía sus relaciones. Replantearía todo lo que somos y hacemos. Por fortuna, este proceso inició ya hace un par de décadas. No obstante que es un proceso lento, se antoja irreversible.

La mayoría de los paradigmas cientistas, filosóficos, económicos, históricos, están construidos en función de referentes materialistas/mecanicistas. Salvo la física y la astrofísica, que exploran el mundo cuántico con resultados cada vez más asombrosos; existen incluso intentos de unificar la física clásica con la física cuántica, pero el  resto de las áreas del saber siguen la misma ruta de hace dos siglos y de esta manera se han creado y siguen creando sistemas sociales y políticos, se crea la cultura y toda la civilización, es decir, la civilización occidental.

Concluyendo. Al parecer erramos el camino al adoptar ciegamente los paradigmas materialistas y al entrar a la divergencia dualista, en batalla contra el idealismo y otras miradas; asumir el conocimiento ancestral como superación del tribalismo sin reconocer o investigar las tecnologías ancestrales (revísese la astronomía maya, el mapa de Piri Reiss, la máquina de anticitera, la construcciones megalíticas por todo el mundo, por mencionar algunos). Erramos también al poner un muro en el diálogo con los conocimientos de otras culturas y otras civilizaciones, sean antiguas, sean de otros sitios geográficos.

Nos falta indagar sobre cuáles fueron exactamente las circunstancias que llevaron a la cultura occidental a seguir ortodoxamente la ruta mecanicista sin integrar las investigaciones sobre la mecánica cuántica. Lo cierto es que es imperativo retrotraerse; muchos investigadores están dando pasos en este sentido e integran poco a poco, de manera un tanto subrepticia introducen otras miradas a sus prácticas e investigaciones.


 __________________________

* Fragmento de la conferencia de Gregg Braden. 

Expone el caso de la cura de una mujer, en un hospital chino; en tres minutos eliminaron un tumor cancerígeno cuando los médicos alópatas dijeron que no había nada que hacer. La conferencia se llevó a cabo en mayo de 2007, en Italia. 



martes, 8 de noviembre de 2016

CÁPSULAS DEL INSTITUTO DE FÍSICA TEÓRICA DE LA UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE MADRID


El Instituto de Física Teórica de la Universidad Autónoma de Madrid tiene una intensa actividad que se expresa en su nutrido programa de divulgación cuyos coloquios y conferencias publican regularmente en YouTube.

Además de las excelentes charlas sobre física, publican cápsulas en las que explican con notable claridad conceptos complejos para el común de los mortales que somos la mayoría.

Dejo dos capsulitas con las que nos introducen a los intricados misterios de los "momentos" previos al Big Bang, y a la Teoría de Cuerdas; ésta última por cierto se perfila para unificar a la física clásica con la mecánica cuántica en la perspectiva de crear la Teoría del Todo o la Teoría Unificada.











sábado, 5 de noviembre de 2016

EL DISEÑO INTELIGENTE O LAS MÁQUINAS MOLECULARES



Pongo a debate el siguiente tema:

Por cierto, aprovecho para añadir que el tema del Diseño Inteligente esta asociado de manera recurrente con el creacionismo bíblico. Aunque la idea de una inteligencia superior o Dios está detrás de la creación de la vida, como verán, la fundamentación desde la biología molecular es diametralmente opuesta a la comprensión religiosa.

Quedo al tanto de sus consideraciones.


YouTube



                                                                             Flash

martes, 1 de noviembre de 2016

EL DISEÑO INTELIGENTE O LAS MÁQUINAS MOLECULARES



"El sentimiento religioso de los científicos toma la forma 
de un extasiado asombro ante la armonía de la ley natural, 
que revela una inteligencia de tal superioridad que, comparado
con ella, todo pensamiento sistemático y la actuación de los
seres humanos es un reflejo absolutamente insignificante"

Albet Einstein
(Tomado del libro La vibración del Amor. Isha. Pág. 99) 


Inexorablemente, la vida se abre camino. El entorno y el tiempo son factores determinantes para que una especie de origen común devenga en otras con funciones y características particulares. Durante generaciones se ha enseñado en las escuelas que toda la vida en la tierra proviene de un antepasado común universal (origen común); que los seres vivos están cambiando continuamente a través del proceso evolutivo (evolución); que la gran cantidad de especies se debe a la separación de poblaciónes fundadoras que formarán nuevas especies (diversificación de las especies); que la evolución tiene lugar a través de pequeños cambios en las poblaciones y no de manera espontánea (gradualismo); que en la dificultad del entorno sobrevivirá el mejor adaptado (selección natural); establece además que los nuevos rasgos que adquiere una especie en su proceso adptativo, los hereda a su descendencia (principio genético).

Los anteriores puntos fueron recogidos, completados y sistematizados por el joven Charles Darwin, luego de navegar por el mundo, durante cinco años, en una misión cartográfica encomendada por el imperio inglés. Compilados en su legendaria obra El origen de las especies los postulados de Darwin han sido entendidos y explicados a un grado que forma ya parte del sentido común de prácticamente cualquier persona del sistema esclarizado en el mundo, hasta ahora.

Los cimientos del darwinismo o de la teoría de la evolución (TE) han sido cimbrados, no desde el clero -su enemigo "natural-, sino desde la propia ciencia biológica, particularmente desde la biología molecular.

Dotados de nueva información, y tecnología que no existía en la época de Darwin, una serie de científicos, a finales del siglo XX, en 1993, han expuesto una serie de evidencias y hallazgos que incomodan y en cierto grado irritan a los evolucionistas porque, con argumentos científicos, sugieren que detrás del origen de la vida existe una inteligencia superior, o Dios, aunque no lo mencionan por su nombre. Le llaman teoría del Diseño Inteligente (TDI).

Paul A. Nelson, Michel Behe, Scott Minnich, Stephen C. Meyer, Dean H. Kenyon son algunos de los hombres que han ido cambiando la historia y el entendimiento de la biología, por supuesto, no sin grandes polémicas y resistencias. Por ejemplo, en wikipedia definen a esta teoría como "pseudociencia" y que sus defensores están asociados a la derecha nortemericana, sin contar la gran cantidad de detractores que puede leerse en internet; no conceden un ápice a las evidencias de la TDI y ofrecen más los calificativos que argumentos.



Los postulantes de la TDI, sin embargo, reconocen que el darwinismo explica bien algunos procesos evolutivos, la variaciones funcionales de algunas especies, por ejemplo, pero no logra explicar cosas más fundamentales. Algunos rubros fueron estudiados tangencialmente por Darwin y sus contemporáneos debido a las limitaciones técnicas de la época. Y sin socavar la genialidad del naturalista inglés debe reconocerse que este aspecto ya marca un elemento a favor de los defensores del DI.

Especialistas en biología molecular, Michel Behe y Jed Macosko, reconocidos defensores de la TDI, alegan que con los potentes instrumentales que cuentan (esto hace 23 años, hoy día tendrían instrumentos aún más sofisticados) han encontrado la asombrosa complejidad de la célula que Darwin ni hubiera imaginado. Literalmente, han encontrado máquinas moleculares dentro de la célula, cada una realizando una función específica.

El caso más célebre es el flagelo bacteriano que cuenta con una estructura y funcionamiento identico al de un motor. ¿Cómo pudo haberse formado un motor giratorio a través de la selección natural? Hasta el momento no ha habido respuesta, o no la hemos encontrado.

Se llega así, al concepto que Behe ha denominado complejidad irreductible, lo que quiere decir que si faltase alguna de las piezas proteicas que hacen funcionar a la célula; si faltase una sola de ellas, el microorganismo dejaría de funcionar, y lo mismo ocurriría con cualquiera de las máquinas moleculares descubiertas.

Sin embargo, la propuesta darwiniana, aunque no es muy hábil al momento de explicar los mecanismos moleculares -pese a que lo ha intentado con la teoría de la "coopción"-,  es muy útil para explicar la adaptación de los organismos al medio a través de lentas y progresivas variaciones anatómicas.

Pareciera que la biología molecular es a la ciencia natural, lo que la mecánica cuántica a la física clásica. Ambos se quedan perplejos ante los hallazgos a escala molecular o subatómica; ambos son descubiertas por hombres de la Europa ilustrada, ambos estremecieron al mundo y cumplieron el propósito de dar certidumbre y encumbrar a la razón como pináculo del desarrollo de la humanidad, quitando a Dios de enmedio.

Poniendo lo anterior al margen, un punto interesante que han expuesto los defensores del DI es que el concepto evolucionista de coopción*  para explicar el motor del flagelo bacteriano no explican, la aparición de piezas nuevas y tampoco explica las instrucciones de montaje secuencial, -dicho por el biólogo molecular Scott Minnich- de manera que la selección natural queda desmotada para intervenir en el conocimiento molecular de organismos vivos. Por eso se le llama: complejidad irreductible.

Lo que sigue es muy importante. Una cita de Darwin de su obra El origen de las especies dice:

"Si se pudiese demostrar que existió un órgano complejo que no pudo haber sido formado por modificaciones pequeñas, numerosas y sucesivas mi teoría se destruiría por completo; pero no puedo encontrar ningún caso de esta clase."

De nuevo, Scott Minnich sostiene que la existencia y funcionamiento de los procesos mecánicos moleculares, como se ha demostrado, no pueden explicarse por medio del proceso que Darwin describe en dicha cita.

Por otro lado, como expusimos en nuestro artículo Singularidad. límites del conocimientos humano. (2a parte), no se explican cómo es que de materia inherte y de compuestos químicos simples surgió vida. Y es este el momento en que se siguen dando pasos para pasar de la química a la biología, para crear una célula artificialmente, pero sin lograrlo totalmente. Mucho más lejos aún se está de crear un organismo complejo.

Es justo reconocer que la TE ha sido un peldaño imprescindible para explicar la vida. No puede regateársele aportes ni puede calificársele injustamente como fraudulenta, como hacen aquellos siempre predispuestos a emitir juicios. Algunos de sus postulados tienen aún vigencia, como la macroevolución  (o adaptación de los organismos al ambiente), por ejemplo. El problema, quizás es que la TE, como muchas corrientes de pensamiento, al erigirla institución va convirtiéndose gradualmente en fetiche. Lamentablemente en la ciencia, como otras áreas de quehacer humano, la ortodoxia establece fronteras infranqueables que conserve intocado a su tótem para que siga en una dirección, y sólo en una.

El Diseño Inteligente, y la obra inspiradora de Michael Denton han revelado los límites de la TE. En virtud de haber cuestionado una institución que ha prevalecido durante más de siglo y medio, los autores de la TDI han sido objeto de ataques desmedidos. Pero hasta donde se puede ver, sus postulados son irreversibles.

En este momento, segmentos importantes de la ciencia siguen una ruta que pone en cuestión sus postulados fundamentales emergido de la Ilustración europea. De manera muy similar que la física cuántica abrió un horizonte muy distinto al que ofrece la física clásica para entender la materia; del mismo modo, la TDI inaugura rutas de conocimiento hacia el origen de la vida en la Tierra.

Aun cuando se crea que fue la generación espontánea, o la evolución, o la panspermia (microorganismos transportados en meteoritos), o la panspermia dirigida (vida realizada con inteligencia extraterrestre); o que fue Dios quien creó la vida en la Tierra, no se sabe con certeza, quizás nunca lo sabremos, cuál es nuestro origen, o quizás ya lo saben pero está oculto en el anonimato, o en los saberes místicos o ancestrales.

Lo cierto es que los componentes moleculares de los que estamos hechos son los mismos que existen desde el inicio de universo, (¿quizás es por eso dicen que somos uno con todo?). "Somos polvo de estrellas", esta frase que pudiera sonar cursi a primera vista, tendría más sentido a luz de los argumentos expuestos y de los intrincados misterios que no han podido ser resueltos, al menos desde la ruta científica; habrá que incursionar aún más en territorios poco explorados. En este siglo, por fortuna, la ciencia o algunos sectores de ella, se están acercando cada vez más a lo espiritual. Creo que esta ruta es atinada, y que se va por buen camino.







*Donde unas máquinas habrían "tomado" para sí piezas que operan en otras máquinas moleculares.